lunes, 16 de octubre de 2017

Mi primera bicicleta me ayudó a descubrir el valor del esfuerzo

Hace unos meses mi hermana me sugirió que pusiera por escrito una anécdota de mi niñez que me ayudó a entender uno de los aspectos más importantes de la vida: el valor del esfuerzo

Quiero compartir contigo este hecho de mi pasado, plenamente actual, esperando que sea de tu agrado como ha sido para mí volver a recordarlo. 

Va por ti, Tere.

Nunca fui un buen estudiante. Mi madre siempre tuvo que perseguirme para que hiciera las tareas, para que estudiara, para que no me abandonara y pudiera llegar a ser alguien de provecho. Puso mucho empeño en conseguirlo y yo me resistí siempre a partes iguales. Después de todo, quién era yo por aquel entonces sino un adolescente con una gran ensalada mental en mi cabeza, un adulto en proyecto que quería, que necesitaba saber cuál era su lugar en el mundo. 

No fue tarea fácil para mi madre tener que luchar contra mi tozudez y mi ausencia de norte; supuso una difícil prueba a la que tuvo que enfrentarse muchas veces en solitario, pero de la que, afortunadamente para mí, salió fortalecida y victoriosa. 

Quiero ponerte un ejemplo del que considero uno de los mejores cursos de motivación que he podido recibir en mi vida. 

Dedico este texto a mi madre y aquellas madres que no lo tienen nada fácil para educar y sacar adelante a sus hijos; siempre serán mis heroínas. 

Por aquellos años no existía el "couching" ni los "coach", no al menos con esos nombres, pero si abundaban madres aguerridas como la mía que no daban su brazo a torcer fácilmente y que, en mi modesta opinión, superaron con creces las más altas expectativas en lo que se refiere al emocionante arte de la domesticación de  adolescentes en rebeldía, como era yo en aquel entonces.

«No», era mi palabra preferida.

–Juanjo, ponte a estudiar.
–¡No!
–¡Juanjoooo...!
–¡No!
–¡¡¡Juan Joséeeeeee!!!

Esa era la palabra mágica (mi nombre completo) que producía en mí la esperada reacción buscada por mi madre, ya que de no haberle hecho caso en esa última oportunidad, me exponía a sufrir el ataque de sus zapatillas voladoras que ella me lanzaba con una precisión equiparable a la de  un misil de crucero. Creo que aún debo conservar alguna cicatriz de aquellos "bombardeos"...

Dicen que las dificultades agudizan el ingenio y eso es algo que puedo corroborar por lo que te contaré a continuación.

En ocasiones habían treguas en la guerra que sostenía con mi madre. Unas veces salía victorioso y otras no. Así que, como ocurre en todas las guerras, tuve que aprender el arte de conocer a mi enemigo para poder vencerlo. Lo que no sabía por aquel entonces es que el enemigo al que trataba de batir (mi madre) era mucho más astuto e inteligente que yo.

Su estrategia fue realmente brillante y me dejó totalmente desarmado.

Observar, analizar y actuar; mi madre hizo esas tres cosas a la perfección. Ahora que soy adulto y después de haber analizado aquella batalla con la perspectiva y experiencia que dan los años, puedo concluir que no hubo nadie que ganara en sagacidad a mi madre.

Rápida como el vuelo de un halcón supo interpretar mis claras muestras de interés hacia aquella tienda de bicicletas que se hallaba al lado de El Corte Inglés situado en la calle Pintor Sorolla de Valencia.

Un leve tirón de mi mano deteniendo la marcha frente a aquel escaparate fue la señal que indicó a mi madre, que aquel día me llevaba de compras, la debilidad que yo sentía por aquellas máquinas de dos ruedas inalcanzables para mí por aquel entonces.

Mis ojos se quedaron clavados en aquella bicicleta roja de la marca BH mientras mis pies se anclaban al suelo como si realmente tuviera clavos en las suelas de mis zapatillas. No moví ni un solo músculo. Fueron segundos interminables durante los cuales traté de imaginarme montado sobre  aquella bici pedaleando por las calles mi barrio, siendo la envidia de los otros niños de mi edad.

–Te gusta ¿verdad? –me preguntó directamente mi madre.
–Si mamá, me gusta mucho. –respondí asombrado por aquella pregunta.

En nuestra familia no sobraba el dinero, de eso era plenamente consciente, y por lo tanto sabía que no podía hacerme la ilusión de que ver un significado oculto tras aquellas palabras de mi madre. Tenía claro que aquel objeto de mis deseos seguiría tras aquella vitrina esperando a que otro niño de alguna familia más pudiente que la mía lograra al fin llevarlo consigo y liberarlo de su cautiverio.

–¿La quieres? –volvió a preguntar mi madre.
–¿Cómo? ¿Está hablando conmigo? –pensé mientras mis ojos se alternaban entre la bicicleta y la cara de mi madre.

Yo buscaba una señal en su rostro que me confirmara que no estaba soñando, que realmente me estaba hablando en serio. No podía creer que mi madre me hiciera esa pregunta. 

–¿En serio mamá?– fue mi respuesta.
–En serio– respondió ella.
–¿En seeeerio?– volví a preguntar visiblemente emocionado.
–Si, pero con una condición; que este año vas a aprobar  todas las asignaturas del colegio. Si te comprometes a eso, yo te prometo que a cambio tendrás la bicicleta que tu quieras. ¿Te parece?

Al oír aquellas palabras tardé unos segundos en cerrar la mandíbula, justo el tiempo preciso para evitar que mi boca se llenara de moscas.

–¡Te lo prometo! ¡Te prometo que voy a estudiar cómo nunca! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! – esa fue mi respuesta ante el órdago de mi madre. 

Si en aquellos años hubieran existido los teléfonos inteligentes, hubiera añadido tras el ultimo "gracias" algunos emojis como estos: 😃😃😃👍🏼👍🏼👍🏼👏🏻👏🏻👏🏻💪🏻💪🏻💪🏻😘😘😘🚴🚴🚴🚴🎉🎉🎉🎊🎊🎊

Tras una última mirada al escaparate donde me esperaba mi codiciado objeto de deseo, reiniciamos la marcha. ¡Hasta pronto bicicleta querida, hasta muy pronto!

Aquel año me esforcé como nunca. Estudié, estudié y volví a estudiar. "Clavé los codos" como se dice popularmente en España. Tenía un objetivo claro, una meta a alcanzar, un reto que superar. No podía defraudar a mi madre ni a mí mismo. Tenía que demostrarle que realmente era capaz de conseguirlo, que iba a poner "toda la carne en el asador". No podía permitirme quedar en ridículo, el premio bien merecía el esfuerzo. No podía permitir que otro niño más inteligente que yo se llevara aquella bicicleta BH que me pertenecía, al menos en mis sueños.

Y llegaron los primeros exámenes y con ellos la hora de la verdad, esa que tanto había temido y para la que con tanto esfuerzo me había preparado. 

Concentrado como nunca ante aquellas preguntas que me retaban, que cuestionaban mis conocimientos, me dispuse a escribir mis respuestas en aquellas hojas en blanco. El temor a equivocarme hizo que aquellos bolígrafos resbalaran en mis manos bañadas en sudor. El reloj se transformó en mi peor enemigo. No me quedaba tiempo para volver a revisar las respuestas dudosas, mi mano temblaba mientras los profesores se paseaban entre las calles formadas por las filas de pupitres tratando de descubrir al alumno impostor, a ese que ocultaba como un tesoro la "chuleta" o el "torpedo" (como se llama aquí en Chile) que le haría, haciendo trampas por supuesto, aprobar aquellos difíciles exámenes.

–¡Se acabó el tiempo! ¡Entreguen los exámenes por favor! – eran las temidas palabras que todos los alumnos hubiéramos preferido no oír. 

Un último repaso a mis respuestas y... a esperar el resultado.

—¡Mira mamá! ¡He aprobado toooooodo!
—A ver... Mmmm, está muy bien. ¡Felicidades! ¡Ya tienes una rueda!
—¿En serio, mamá?
—¿Recuerdas nuestro compromiso?
—¡¡¡Siiii!!!
—Sigue así y conseguirás tu bicicleta.

Aquellas palabras de mi madre fueron la gasolina que necesitaba para seguir esforzándome. 

—Ya tienes la otra rueda, el cuadro, el manillar, el sillín (asiento), la cadena, el farol...

Examen tras examen escuché aquellas frases que me sonaron a gloria celestial.  Un poco más y lo conseguiría, no podía fallar.

Así fueron pasando los meses hasta que un día, al final del curso escolar, presenté a mi madre el fruto de un año de esfuerzo: mis notas.

—¡Mamá, mamá, mamá...! ¡Mira mis notas, míralas! ¡He aprobado todo! ¡He aprobado todo! – dije a mi madre exultante de alegría.

—¡Muy bien mi niño! ¡Felicidades! ¡Ya tienes tu bici!

La alegría que me inundo en aquel instante fue indescriptible. En mi interior grité, salté, bailé, reí... soñé.

Ahora solo quedaba que mi madre cumpliera su parte del trato.

Yo sabía que no podía forzar la situación, así que me dispuse a armarme de paciencia hasta que llegase el día tan esperado. 

Sin embargo pasó el tiempo y mi madre no me decía nada. Empecé a pensar que se le había olvidado, que todo había sido una broma de mal gusto. Hasta que un día, cuando ya lo había dado todo por perdido, sucedió algo que nunca olvidaré.

Aquella mañana mi madre me pidió que la acompañara a hacer unas compras y me llevó por un camino diferente al habitual. Hasta que al girar por una calle me vi reflejado en el cristal de aquella tienda de bicicletas.

Al ver que mi madre se detuvo frente a ella, la miré y le dije: «vamos mamá, se nos va a hacer tarde». Pero mi madre no se movió de allí. Con una sonrisa en su rostro que nunca olvidaré me dijo: «¿ves aquel señor?, ¡entra y pídele la bicicleta que quieras!».

No podía creerlo. La emoción que sentí en aquel instante hizo que mis piernas comenzaran a temblar. Pasé al interior de la tienda y puse mis manos cuidadosamente en el manillar de aquella bicicleta tan esperada. 

—¡Buena elección! – dijo el dueño del negocio dirigiéndose a mí con una sonrisa de aprobación.

Miré a mi madre de reojo mientras acariciaba delicadamente el asiento de aquella máquina y la pude ver sonreír mientras me observaba. No hicieron falta palabras, no hubo necesidad de añadir nada más en aquel instante mágico que para mí fue uno de los momentos más increíbles de mi corta vida.

Me senté orgulloso en la bicicleta y comencé a pedalear rumbo a la calle, hacia esa libertad que me había ganado tras duros e intensos meses de estudio. Ahora era libre, al fin había alcanzado mi sueño. 

**************

Han pasado muchos años desde aquella anécdota y quisiera públicamente agradecer a mi madre todo lo que ha hecho por mí a lo largo de toda su vida. 

Gracias mamá por haberme regalado el maravilloso don de la vida, por haber cuidado de mí cuando era un ser indefenso, por haberme defendido ante situaciones injustas, por haberme obligado a pedir perdón a quien llegué a ofender, por haberme mostrado el camino correcto cuando estaba perdido, por no haber permitido que me saliera con la mía en tantas ocasiones que me hubieran convertido en un ser vacío y caprichoso, por haberme transmitido la fe católica, por haberme mostrado la importancia de buscar la verdad, por haberme corregido cuando estaba equivocado, por haberme enseñado a ser agradecido y a dar valor a las cosas que realmente lo tienen, por animarme a luchar por mis sueños y a no darme por vencido, por comprenderme en los momentos en que ni yo mismo podía hacerlo, por haber respetado mis opiniones aunque muchas veces no estuvieras de acuerdo con ellas, por haber compartido con tus hijos tantos recuerdos y enriquecedoras experiencias de tu vida, por haber estado siempre presente sin interferir en mis decisiones, por haber rezado tanto por mí durante toda tu vida, por haberme querido y demostrado tu amor cuando más lo necesitaba, por todo ello y por mucho más quiero darte públicamente las gracias, decirte que te quiero y que estoy muy orgulloso de que Dios me haya concedido el privilegio de tenerte como madre.
Te quiero mucho mamá, has sido para mí la mejor maestra y Dios sabe que digo la verdad.



Seguro que tú también tienes mucho que agradecer a tu madre, ¿no crees?

viernes, 1 de septiembre de 2017

El cortejo fúnebre y la mala educación



Hay anécdotas, como la que ahora quiero compartir contigo, que necesariamente se hacen difíciles de olvidar; aunque lo que realmente hubiera deseado hace unos días es no haberla presenciado y así poder borrarla de mi memoria. 

Sin embargo creo que poner por escrito un hecho, por muy desagradable que haya podido ser, puede ayudar a quien lo lea a pensar,  recapacitar e incluso a cambiar de actitud sobre aquello que es narrado en ese mismo texto. Con esa intención escribo estas lineas.

Una vez leí, creo que la frase la dijo la poetisa chilena Gabriela Mistral, que "La humanidad es todavía algo que hay que humanizar"; en ocasiones  siento que no puedo estar más de acuerdo.

sábado, 26 de agosto de 2017

#RezaPorYeniAsto



Hoy quiero contarte una pequeña historia. Trata sobre el pegamento, sobre ese producto químico al que recurrimos cuando tratamos de arreglar la figura de porcelana que se nos cayo al suelo rompiéndose en cien pedazos. 

Qué suerte que exista una solución para no tener que tirarla a la basura  ¿verdad? 

Y es que un poco de paciencia por nuestra parte, un poco de pegamento y de posterior pintura en las fisuras, son lo único que se necesita para volver a unir las partes de la figura que se ha roto y dejarla como nueva.

Hay personas que son como el pegamento. Unen lo que está roto, acercan polos opuestos, reparan aún el mayor de los destrozos. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Nido de avispas (carta abierta a un terrorista yihadista).


Los seres humanos hemos  buscado desde antaño la compañía de las abejas en beneficio propio. De ellas obtenemos miel, cera, propóleo, jalea real y apitoxína.  Además, su incalculable valor como polinizadoras ha hecho que no solo las respetemos sino que hayamos aprendido a cuidarlas y a protegerlas. 

Sin embargo a pesar de sus múltiples bondades las abejas también pueden llegar a ser muy peligrosas. No dudarán en clavar su aguijón, aún a riesgo de perder su propia vida, si son molestadas en exceso; por ello los apicultores han aprendido a usar el humo para calmarlas y a protegerse con prendas especiales de las dolorosas picaduras a las que se exponen si cometen algún error manipulando la colmena.

Las avispas sin embargo no nos resultan tan agradables ¿verdad? ¿Tal vez porque no nos aportan tantos beneficios? Los que viven cerca de un nido de avispas saben que no deben molestarlas porque se exponen a sufrir su ira si osan atacarlo. 

Si ese es tu caso y quieres vivir en paz con ellas solo tienes dos opciones: o te vas tú o se van ellas.


Hoy en día el mundo está lleno de avisperos: Siria, Irak, Europa, Mexico, Venezuela, Corea del Norte, EEUU, Londres, Nigeria... y hace unos días Barcelona. En todos ellos la avispa del terrorismo se comporta de la misma manera: «no me molestes o te atacaré, haz lo que te diga y dame lo que te pida o sufrirás las consecuencias». 

Ante hechos tan lamentables como los que están sucediendo en todo el mundo, solo puedo expresar mi total rechazo y repulsa ante cualquier acto terrorista que solo pretende sembrar el odio y la división en nuestras sociedades ya de por sí lamentablemente muy polarizadas. Asimismo quiero expresar mi apoyo incondicional a los familiares de las víctimas y decirles que comprendo su dolor y rezo por ellos.

Mucho se ha hablado y me temo que se hablará aún más del terrorismo islámico. No soy especialista en el tema, pero quisiera dejar mi reflexión al respecto y una carta abierta dedicada a los fanáticos terroristas que han vuelto a asesinar a sangre fría a decenas de ciudadanos inocentes.

Tengo varias preguntas que me gustaría que alguien respondiera sin la habitual retórica propia de las declaraciones post-atentado:

¿Se puede vivir rodeado de ciudadanos árabes en nuestras comunidades y pretender que después de un atentado yihadista no surgan dudas y recelos hacia ellos en nuestro interior? ¿Debemos actuar como si no pasara nada por miedo a sufrir un nuevo ataque?

¿Quién puede protegernos de fanáticos que están dispuestos a morir matando? 

En esa Europa, tan tolerante y abierta a la diversidad de culturas e ideas, ¿es lógico permitir que se construyan mezquitas sabiendo que en muchas de ellas se radicalizan jóvenes musulmanes y se proclaman soflamas contra los mismos países que los acogen? ¿Es lógico permitir esas mezquitas que han sido construidas con dinero de países árabes en los que a su vez no sólo no se permite el culto de otras religiones sino que son perseguidas públicamente? ¿Que hay del «Quid pro quo»?

¿Por qué tanto defensor de lo políticamente correcto se apresura, después de un atentado yihadista, a intentar prevenir a la opinión pública sobre la "islamofobia", tachando de xenófobos y racistas a los que levantamos la voz para decir la verdad que nadie quiere oír: que el Islam realmente no es una religión de paz?

¿Aceptarían acaso esos mismos defensores del purismo lingüístico e ideológico vivir en sus propios países bajo la ley islámica? ¿Aceptarían acaso que sus esposas tuvieran que vestir forzosamente el burka, se les practicara siendo niñas la ablación sexual, no tuvieran derecho a una educación o a conducir un auto entre otras lindezas? ¿Quieren acaso construir espacios en Europa donde se asista a lapidaciones públicas, crucifixiones y ahorcamientos de sus propios ciudadanos acusados de haber quebrantado la sharia como está ocurriendo en los territorios ocupados por el EI (ISIS)?

¿Es realmente posible una "alianza de civilizaciones" como ingenuamente propuso el ex presidente de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero sin que una finalmente acabe con la otra? Permíteme que sea escéptico al respecto. 

El terrorismo islámico ataca sin piedad a los que considera "infieles", ya sabes: cristianos, judíos... y los medios de comunicación prefieren volver la cabeza para no molestar al Islam. Sin embargo muchos de esos medios, tan asépticos y cuidadosos cuando se refieren al Islam, no tienen reparos en burlarse sin tapujos del cristianismo, la religión mayoritaria en muchos de sus países, ofendiendo en repetidas ocasiones gravemente los sentimientos de muchos cristianos entre los cuales me incluyo. Lógicamente se saben muy bien el pasaje del evangelio de Lucas 6:29 donde habla sobre poner la otra mejilla ¿verdad?

A quien te abofetee en la mejilla, preséntale la otra; y al que te quite el manto, no le impidas tomar también la túnica.

Luego vendrán las lamentaciones y las declaraciones de los políticos de turno hablando de que no se puede generalizar, de que ese atentando es un "hecho aislado", de que no todos los musulmanes son terroristas, de que el Islam es una religión de paz y bla bla bla...

La sinrazón de los violentos con la que pretenden amilanar al mundo con el objetivo de que se arrodille ante ellos no entiende de argumentos. Consiste en matar indiscriminadamente, en causar el mayor daño  posible entre los ciudadanos de los países que los acogen, para conseguir que, utilizando el terror, el Islam se expanda por todo el mundo por las buenas o por las malas. 

Nos guste o no, queramos aceptarlo o no, estamos en guerra; una guerra contra el terror.

Una guerra que se libra en los medios de comunicación mostrando u ocultando información selectivamente para balancear la opinión pública según los cobardes y pérfidos intereses de quienes los controlan. Una guerra en la que ciertos políticos demuestran su estruendosa falta de clase al negarse repetidamente a condenar ciertos actos terroristas. Una guerra en la que lobos, que durante años han matado a cientos de ovejas, han logrado ocupar, con el apoyo cómplice de la "clase" política, el lugar que siempre habían deseado: entrar a formar parte del rebaño político y dejar de ser  considerados lo que siempre fueron, unos asesinos, para convertirse en unos "respetables" miembros de la vida política. Me refiero entre otros a los terroristas de ETA que ocupan actualmente cargos públicos constituyendo el espectáculo más lamentable y humillante para las víctimas de esos mismos verdugos, que tienen que seguir viendo y conviviendo a diario con los asesinos de sus familiares que ahora controlan desde el poder sus impuestos, sus vidas, y las del resto de sus conciudadanos. Y a esto le llaman democracia. ¡Ja!

Si dejas a un lobo rodeado de corderos no pretendas que se coma la hierba que tú le sirvas, más aún si has eliminado los perros guardianes que protegían al rebaño. 

Si estamos dispuestos a convivir con avispas tendremos que ser conscientes de que en cualquier momento podemos tener problemas con ellas. Lo más inteligente y sensato sería dejar el avispero con sus inquilinas en un lugar donde no puedan hacer daño a nadie. 

No te equivoques, si acaricias a una avispa te arriesgas a que te pique; el aguijón no lo tienen de adorno, no lo olvides; no lo olvide sra. Ada Colau.

Carta abierta a un terrorista yihadista.


Y déjame por último, pobre ignorante terrorista islámico,  decirte algo.

Cuando asesinas a personas inocentes creyendo que al hacerlo vas directamente al paraíso estás muy equivocado, por mucho que tu profeta Mahoma en tu Sagrado Corán te lo repita una o mil veces.
¿Sabes una cosa? soy católico, un infiel para ti. Estoy inmensamente orgulloso de serlo y permíteme además decirte algo: el Dios en quien creo, Jesucristo, habla de amar a nuestros  enemigos (a ti), de hacer bien a los que nos odian y maltratan (a ti también), de perdonar a los que nos ofenden (de nuevo a ti), de respetar toda vida humana (incluso la tuya) porque cada vida humana es sagrada para Dios por si no lo sabias. 

Veo que desconoces el cristianismo porque si lo conocieras sabrías que el primer mandamiento de la ley del Dios de los cristianos (del verdadero y único Dios) es: Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu mente y con todas tus fuerzas y AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Y también: NO MATARÁS.

Has cometido dos graves pecados que solo Dios en su infinita misericordia podrá perdonarte. No solo no has amado a tu prójimo, sino que lo has asesinado a sangre fría. No sé si en el último momento te habrás arrepentido de lo que has hecho, pero te aseguro (por si no crees en él) que EL INFIERNO EXISTE (deberías leer sobre lo que ocurrió en Fátima en 1917), que es eterno y que se accede a él por la puerta grande con acciones como la tuya. 

Dios es Amor, no odio. Cada vez que cometas un despreciable acto, como el que cometiste en Barcelona, habrás bajado un peldaño más hacia el infierno en el que, si no haces nada para evitarlo, habitarás por los siglos de los siglos con pobres ignorantes como tú que confundieron el bien con el mal. 

Aún estás a tiempo de cambiar el rumbo de tu vida, de dejar atrás esas falsas creencias que han metido en tu cabeza, de darte cuenta que nadie en su sano juicio puede pretender que amar a Dios justifique el asesinato de personas inocentes. Recuerda que la religión se propone, no se impone.

 Por último déjame decirte que rezo por ti, por tu familia, por tu conversión y la de tantos otros como tú que caminan por la vida sin norte y sin rumbo. 
Si alguna vez lees esta carta piensa que quien la escribe, a pesar de todo, no te guarda ningún rencor, ni te odia, ni te desea ningún mal; tan solo desea que despiertes del sueño trágico en el que has convertido tu existencia. 

Los fanatizados clérigos a los que sigues te han hecho creer que puedes repartir "justicia" a diestro y siniestro convirtiéndote en juez del mundo y te lo has creído. 
Esos mismos que te animan a morir por Alá son los primeros que huyen ante la amenaza de perder su propia vida. Infectan tu mente con torcidas doctrinas y tú les crees, te hacen creer que el odio es purificador y tú les sigues, te insisten en que la violencia es el camino para conseguir tus objetivos y tú obedeces ciegamente. ¿Te has parado a pensar en que el perdón y no el odio es lo que realmente conduce a la verdadera paz? ¿Cómo puedes pensar que matar a un semejante va a solucionar algo? ¿Cómo puedes pretender forzar a los demás a que se conviertan al Islam cercenando no sólo su libertad sino su propia vida? 

¡Despierta y date cuenta de que estás en un grave error!

Busca la VERDAD, abandona a los que te incitan al suicidio. No te dejes engañar por aquellos que quieren controlar tu mente ofreciéndote por tus servicios a su diabólica causa un falso paraíso creado sobre miles de cadáveres.

Dios te ama, pero no ama tus crímenes ni pecados. Le ofendes gravemente cuando osas en su nombre convertirte en juez sesgando vidas inocentes. 

Te están utilizando como un muñeco que después tiraran a la basura ¿no te das cuenta? ¿Dónde está tu dignidad como ser humano? ¿Cómo has podido vender tu alma al diablo y a los seguidores del mal? 

Soy un infiel para ti. Podía haber muerto en el atentado de Barcelona. Sigo vivo gracias a Dios. Tus familiares  te consideran un héroe, un mártir; yo tan solo te considero un pobre hombre que ha estado perdido caminando por tortuosos caminos que finalmente le han conducido a la ruina. 

Piensa por una vez en tu vida y razona. El odio engendra más odio, la violencia más violencia. ¿Ese es el legado que quieres dejar a tu pueblo? ¿De verdad quieres que el mundo te recuerde como un asesino? ¿Quieres aparecer en los libros de historia como un fanático enfermizo que destruyo su vida eliminando vidas de inocentes?

¿Cómo puedes creer la sarta de mentiras que han metido en tu cabeza? 

Tú vales más que todo eso. Eres, a pesar de la basura que tú mismo te has echado encima, un ser humano que debería ser consciente de lo que eso realmente significa.

¡Haz algo de provecho con tu vida! ¡Abandona el terrorismo y a los que han emponzoñado tu alma! 
¡Pide perdón a tus víctimas y dales la oportunidad de que puedan perdonarte!

Recuerda bien que solo el perdón te dará la verdadera paz que no encontraras si sigues recorriendo el camino del mal que te ha convertido en una vulgar avispa que pocos tendrán reparos en aplastar si intenta picarles.

Rezo por tu conversión.

Firmado: Un cristiano, un infiel para ti.

Es cierto, muchas veces podemos confundir una abeja con una avispa. Las dos son insectos, las dos vuelan, las dos tienen aguijón y las dos pueden picarnos. Sin embargo, salvo en raras excepciones, son las abejas las que producen la miel que nos alimenta.

No dejes que las avispas construyan su nido en tu casa a no ser que seas inmune a su veneno; si lo haces te arriesgas a tener que abandonarla cuando empiecen a picarte.

 Piensa en ello.

¡Di no al terrorismo!

viernes, 4 de agosto de 2017

Fíjate bien, las apariencias engañan.


Las apariencias engañan.
Hay objetos que parecen ser una cosa y sin embargo son otra bien distinta; como esta planta que aparentemente es verdadera pero en realidad es solo una buena imitación de plástico. Si no te fijas bien, si no la tocas, podrías llegar a equivocarte como me ocurrió a mí. Solo un ojo experto y bien entrenado puede llegar a descubrir el engaño. 

En un mundo en el que nos hemos acostumbrado a dejar que la falsedad suplante a la verdad y la mentira no se distinga de ella, es más necesario que nunca buscar la AUTÉNTICA VERDAD y no dejarnos engañar por las voces que nos repiten insistentemente que el verde en realidad es azul, que Mercurio en realidad es Marte o que en realidad no somos ni hombres ni mujeres sino que somos lo que queremos ser, cuando queremos serlo y siempre conforme a nuestros deseos. 

Voces que te harán creer que la auténtica verdad es TÚ verdad y que no existe nada bueno ni malo sino que TÚ lo haces así en tu mente. 

Bienvenidos a un mundo de plástico, sin norte, sin reglas, sin VERDAD y sin sentido en el que nada es lo que aparenta ser; en el que plantas de poliuretano reclamarán para ellas la fotosíntesis y no se resignaran a ser consideradas como un mero objeto de plástico, llegando a afirmar que tienen derecho a ser regadas, podadas e injertadas al igual que el resto de las plantas y que son precisamente ellas, el resto, las culpables de que el poliuretano haya sigo proscrito y perseguido como una vulgar imitación durante tanto tiempo.

Vete acostumbrando a ver a seres humanos adultos que dicen ser elfos, gatos, perros o niñas de 4 años y no te atrevas a contradecirles por que si lo haces tendrás que exponerte a perder tu empleo, enfrentarte a penas de cárcel o sufrir un escarnio público por tu intolerancia y discriminación. Recuerda bien que en el mundo de las plantas de poliuretano cada cual puede ser lo que quiera ser. ¿Quién eres tú para oponerte? ¿Acaso crees que eres dueño de la verdad absoluta?

Bienvenidos a la POST-VERDAD, donde todo es posible; donde, si alguien no lo remedia, nos encontraremos dentro de muy poco con que las plantas de plástico reclamarán ante el mundo que son ellas las verdaderas y el resto una vulgar imitación.

 ¿Quieres vivir en un mundo así? ¡YO NO! ¿Vas a quedarte en silencio entonces?

Podemos luchar contra la fuerza de la gravedad, pero no podemos eliminarla ni actuar como si no existiera porque tarde o temprano sufriremos su atracción y despertaremos súbitamente del sueño irreal en el que algunos malvados, por su propio interés, quieren que permanezcamos.
¡Despierta de una vez! La planta que ves en la fotografía no es verdadera, es tan solo una triste imitación de plástico.

Juan 8:32

miércoles, 12 de julio de 2017

Anverso y reverso

Te propongo poner a prueba tu vista y tu imaginación  con un pequeño ejercicio.

Aquí tienes dos fotografías, una encima de la otra.


¿Qué ves en la fotografía superior? 

Probablemente habrás reconocido unos objetos decorativos, ¿verdad? 

Te daré más datos. 

Aparentemente parecen ser unas cartulinas de color rojo anaranjado recortadas formando una campanilla, con el borde dorado y un pequeño agujero en la parte superior atravesado por un cordel de color azul celeste, ¿no?

Vamos bien.

Ahora fíjate en la fotografía inferior; mírala bien.

¿Que ves? ¿Observas algunas diferencias con la de arriba?

Son evidentes, ¿no es cierto? Lo primero que salta a la vista es que se han añadido unas palabras (Jugos y Tarro De Durazno) escritas en computador, que han sido recortadas y pegadas en la parte central. Además en una de las cartulinas hay dibujadas unas líneas plateadas que recuerdan vagamente a unos copos de nieve.

La máquina generadora de felicidad


Ford A
Ford A
El pasado domingo 4 de diciembre, Vivi (mi esposa) y yo tuvimos la suerte de asistir a un evento muy especial. 

Fuimos invitados por Angélica, la directora del hogar Santa Ana de la Fundación Las Rosas, a acompañar a las abuelitas que viven allí a un desayuno en el Parque Forestal de Santiago.

Esto, que ya de por sí hubiera sido un aliciente más que suficiente, se vio enriquecido por la colaboración de excelentes personas que ayudaron a que el evento fuera todo un éxito.

Me refiero a personas como José Marchetti, Miguel Cabello y al resto de integrantes y simpatizantes del Club Ford A Chile, que con su generosidad, amabilidad, simpatía y buen humor contribuyeron a hacer de ese domingo un día muy entrañable que sin duda recordaré durante mucho tiempo.